El espectro de comportamientos BDSM es bastante amplio. Incluye muchas prácticas (sexuales o no) que caen bajo la extensa definición de bondage, dominación y masoquismo. Pero si hablamos específicamente de bondage, las cosas apenas se simplifican un poco.

Dentro de la subcultura del BDSM, el bondage puede definirse como la práctica de atar o restringir consensuadamente el cuerpo de otra persona. El propósito de esto puede ser muy variado, pero usualmente tienen que ver con la estimulación erótica, estética o sensorial.

Las personas pueden ser restringidas físicamente de varias maneras, incluyendo el uso de cuerdas, esposas, cinta de bondage o vendas autoadhesivas. Lo que parece una práctica extrema, y que evoca en algunas personas la imagen de un cuarto de torturas, puede ser algo más común y “ligero” de lo que parece.

Soft bondage, una versión ligera del bondage

El soft bondage, también conocido como light bondage, o bondage ligero, no busca crear una verdadera restricción al movimiento, ni la vulnerabilidad real que está relacionada con el bondage propiamente dicho. En realidad, todo se trata de simular esta restricción, pero reteniendo algo de control.

Atar muñecas o tobillos durante el juego preliminar, por lo general con ataduras hechas de un material suave o esposas de fantasía, es algo que puede ser considerado como soft bondage. Estas ataduras también pueden combinarse con la colocación de vendas en los ojos de la pareja.

El uso de objetos estimulantes de los sentidos como una pluma, cubos de hielo o incluso una fusta suave, con o sin restricción de movimiento, son también el tipo de prácticas relacionadas más comúnmente con el soft bondage.

Strap-on y arneses eróticos

Los arneses strap-on se utilizan en la práctica de algunas actividades relacionadas con la sumisión. En estas el dominante porta el arnés mientras el sumiso interactúa con un consolador sujetado firmemente en posición.

El strap-on suele consistir en un arnés de goma o cuero que sujeta consoladores intercambiables, disponibles en varios tamaños. Esto permite intercambiarlos fácilmente durante cada sesión, que en el argot BDSM se conoce como entrenamiento strap-on.

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Durante este “entrenamiento” el sumiso o la sumisa interactuará con el strap-on que lleva su dominante, en la forma que desee. Estas prácticas pueden formar parte de la feminización forzada, la sumisión y la humillación, pero no del soft bondage como tal.

En el caso de los hombres, el uso de un strap-on puede provocar la estimulación de la próstata y aumentar así la intensidad del orgasmo masculino.

En el caso de los hombres heterosexuales sumisos, también puede permitir la penetración anal u oral por parte de la pareja. Fantasear con ser penetrado con un strap-on no cambiará las preferencias sexuales de nadie, y es considerado algo perfectamente normal.

La comunicación es el secreto

Sin importar lo que quieras experimentar, es muy importante que no intentes nada con tu pareja sin su pleno consentimiento y conocimiento. No todo el mundo disfruta del dolor o de la sensación de control o impotencia, y si tu pareja no quiere tener nada que ver con ello, debes respetarla.

Empezad por hablar entre vosotros antes de actuar, y cread un plan de algunas de las cosas que podéis añadir progresivamente a vuestra experiencia.

De esta manera, todos son conscientes del camino hacia el descubrimiento, y durante el proceso, podéis mantener la comunicación en todo momento para que podáis aprender realmente de vosotros mismos, de vuestra pareja, de las cosas que os gustan y de las que no, así como de vuestros determinados umbrales de dolor y otros deseos.